Voy a contaros un relato real. Un
relato que marcó mi vida para siempre.
Todos hemos oído hablar del llamado
“bullying”, ¿verdad? Bueno, pues mi historia comenzó de muy
pequeña...
Yo siempre me veía fea, siempre pensé
que nadie se fijaría en mi. De hecho, nadie se fijo en mi en toda mi
vida escolar. Normalmente en la infancia y adolescencia sueñas con
que todo va a ser bonito. Que tendrás un novio en tu propia clase,
que serás popular, que la gente al verte dirá “Oh! Qué bien
viste esa chica.”o “Vaya! Qué chica tan guapa, que peinado tan
bonito.”. Pero la realidad era distinta para mi. Yo eso lo veía
tan lejos que muchos días rompía a llorarle a mi madre,
preguntándola que por qué no podía ser yo como esas chicas sin
pecas, con el pelo liso y una plancha del pelo para arreglárselo. Un
buen cuerpo... Vamos, lo típico.
En primaria fui feliz. Fea, pero feliz.
Todo empezó cuando yo tenía entre 6 y
7 años y me diagnosticaron Hiperactividad con Déficit de atención.
Me medicaron. Cada vez que iba al psiquiatra me cambiaba la
medicación. Cada cual más fuerte y más insoportable. No era yo.
Estuve medicada 11 años hasta que decidí dejar de ser algo químico,
para empezar a ser yo de nuevo.
Fui al Club Alcarreño de Natación. Me
hacía muchísima ilusión porque nadar es una de las cosas que más
me gustan en esta vida. Yo mi hiperactividad la veía tan normal que
se lo contaba a la gente, ya que es algo normal. Pero por aquel
entonces era tan inocente que todavía no sabía que la gente era
mala por naturaleza. Empezaron tirándome las gafas de bucear al WC,
se asomaban por arriba del vestuario cuando me estaba cambiando, me
tiraban perchas, me insultaban, y a saber que cosas más que ya no
recuerdo. Había una chica con la que llegué a llevarme realmente
mal. Arañazos. Aguadillas. Un día se asomó por arriba del
vestuario y yo estaba tan harta que decidí subirme a la silla que
había dentro y la clavé mis uñas en sus manos con todas mis
fuerzas.
Todos los días salía tres cuartos de
hora tarde del vestuario. ¿Qué niña de 13 (más o menos) tarda
tanto en cambiarse después de nadar? Absolutamente todos los días
lloraba mientras nadaba, mientras sentía cómo me adelantaban todas
las chicas... Hasta que llegó el día que exploté y les dije a mis
padres que no quería seguir metida en aquel infierno. Ahí acabó
todo. Al fin.
Y así llego otro año. Catorce años.
Iba al instituto con normalidad. A veces con amigos. A veces sin
amigos. (Tengo que decir que nunca se me ha dado bien conservar a mis
amigos, he sido una cabeza loca.) Ese año iba a Segundo. Yo iba con
mi mejor amiga por el pasillo cuando, sin más, aparecía la chica
más “malota” que existía y me hacía la zancadilla. Qué pena
que nunca me cayese, ¿verdad? JAJAJAJAJAJAJA creo que se frustró
tanto por ello que un día, estando en la cafetería, me vino con
toda su chulería de frente y me soltó una patada en la espinilla.
¿Lo mejor? No lo sentí. Creo que me pareció tan patético que ella
se quedó con todo el dolor. No entendía por qué hacía tanto el
payaso conmigo, ni sus propias amigas lo sabían.
Vayamos a la parte más graciosa: Un
día, por un malentendido, este espécimen de persona se pensó que
yo le tiré un tampax a la cabeza y me amenazó con esperarme a la
salida. Bien. A continuación fui a Jefatura de Estudios y ¡adivinad
que hicieron! Correcto. NADA. Me dejaron salir por el aparcamiento y
así pude evitarla. Al día siguiente pasé de esconderme y salí por
la puerta principal con mi mejor amiga en aquel entonces, que estaba
al tanto de todo. Me rodearon unas...¿15 personas? Imaginaros: yo
era extremadamente delgada. Pues cogió la chica y me soltó un
puñetazo. No me dolió, pero casi me caigo al suelo de lo poco que
pesaba, y otra chica me agarró del pelo y me dijo algo que ya ni
recuerdo. Yo me puse a llorar de la rabia mientras mi amiga vino a
abrazarme y a acompañarme a Dirección. A continuación llamaron a
mi casa y a casa de la chica. En mi casa me llamó, me pidió perdón
llorando...y, claro, la dije que no pasaba nada, que no llorase. ¿Por
qué? Porque esas disculpas eran lágrimas de cocodrilo. Como que su
madre no la diría cuatro cosas para que llorase...
El siguiente día de clase la Jefa de
estudios decidió el castigo: nos castigo A LAS DOS JUNTAS para
decorar la clase para navidad. En fin, imaginaros mi cara cuando lo
dijo. Patético.
Aquí viene mi crítica: no sé cuantos
casos de acoso habrá en los colegios e institutos, pero si que sé
que si a todos los chicos y chicas que, como yo, sufren cualquier
tipo de acoso les hacen el mismo caso vamos COJONUDOS. Y perdonadme
por la expresión, pero es que me hierve la sangre con estas cosas,
porque nadie hace ni puto caso.
Mismamente el niño de 11 años que se
suicidó la semana pasada y dejó una carta. ¿Quién le hizo caso?
¿Cómo deben de sentirse sus seres queridos cuando la “justicia”
dice que “no hay suficientes pruebas (denuncias) como para
investigar el caso”? ¿LES PARECE POCO QUE UN NIÑO DEJE UNA
MALDITA CARTA EN LA QUE DICE QUE NO PUEDE SEGUIR ASI Y QUE ES LA
UNICA MANERA DE NO IR AL COLEGIO? De verdad, me produce náuseas.
Contaría más cosas de mi vida, pero
creo que esto es suficiente para dejar claro por qué odio a la gente
y a la justicia (si se le puede llamar así) de este país.
Quiero que la gente se entere de una
puñetera vez que no es fácil vivir con problemas mentales. Que no
somos “bichos raros” por tener hiperactividad, depresión,
ansiedad, o cualquier problema por el estilo. QUE NO OS TOQUE PASAR
POR ALGO ASI...
Y no digáis que sois bipolares
solamente porque no tengáis ni puta idea de lo que es. Porque
realmente la bipolaridad es jodida de cojones. Si no también podéis
coger un libro o meteros en Google e informaros.De nada.
Nada más que añadir. ¡Que tengáis
buena noche todos! ♥